18 de enero de 2013

Felicidad.

A

-Va, coma algo Annabelle.
-Ronald, no tengo hambre.
-Si no desayunas ahora comerás más después.
Pongo los ojos en blanco.
-Al final sí que vas a ser Christian-murmuro.
-¿Qué?
-Pues que me dijeron que eras como Christian.
Su cara de sorpresa lo dice todo. Siento miedo como una punzada en el estómago. No debería habérselo dicho.
-Annabelle, quiero que quede claro que yo jamás haría cosas como esas.
-Tranqui Ronald, yo no dejaría que me pegarán. Aunque que me aten... podemos probarlo.
-Annabelle no diga esas cosas que me arrepentiré de pararla anoche.
Noto la sonrisa que aflora en mi cara y segundos más tarde sus brazos se posan en mi cadera.
-¿Tenemos qué hacer algo importante ahora?-digo pegada a su cuello.
Siento su sonrisa contra mi pelo.
-Bueno, podríamos cambiar los planes. O podríamos ir a Disney.
-¿Disney Land?- me separo como reflejo.
Asiente y me voy corriendo al armario para ver que me puedo poner.
-Así que me cambia por unas atracciones, eh.
-Ronald, entiéndelo, siempre he tenido una fantasía con Donald.
-Ja, ja, ja, señorita su sentido del humor no tiene fin.
Cojo unos vaqueros y una camisa de Ronald y sin abrocharla me acerco a él. Me siento en su regazo y le digo.
-¿Me la puedes abrochar?
Le hago un puchero y comienza por los botones de abajo.
-Bueno, ¿cree qué a las once estará lista?
-Por supuesto.
-Entonces yo vuelvo dentro de media hora a por usted.
-¿Me vas a dejar sola?-digo boquiabierta.
Se ríe y asiente. Sale por la puerta y yo me voy al baño con mi neceser. Cepillo mi pelo y dejo que caiga por mi espalda. Me pongo un poco de polvos para que me den un poco de color, la raya por abajo y me pongo pintalabios rosa. Cojo mi colonia de Lacoste "Touch of Pink" y perfumo la camisa de Ronald. Espero unos cinco minutos hasta que Ronald llega.
-¿Lista?
-Sí.
-Me gusta como le queda mi camisa, señorita.
-Y a mí me gustaría que me la quitarás. 
No contesta pero me sonríe, suficiente para saber que a él también le gustaría. Cojo la cámara de vídeo de la cómoda antes de salir. Me abre la puerta y me meto en el coche. 
-A mí también me gustaría, señorita- murmura a mi oído.
Hago como que no he oído nada y enciendo la cámara.
-Bueno, hoy... ¡Vamos a Disney! Disculpe, ¿le importaría poner música?-esto último se lo digo al taxista.
La canción no la conozco pero no me quejo. Apago la cámara y cojo la mano de Ronald. Llegamos a Disney. Estoy absolutamente emocionada. Nos subimos a muchísimas atracciones y disfruto como una niña. Y por supuesto, tengo mi foto con Donald dándole un beso. Grabo la mayor parte de la mañana con la cámara. Ya es la hora de comer y vamos a un restaurante de Robin Hood. Uno de los muñecos me ha pedido el número.
-Señorita, creo que ya deberíamos volver.
-¡Pero todavía no hemos ido a la casa del terror!
-Como quiera, Annabelle- dice entre risas.
Me paso el rato agarrada a él. Que miedo...
Estamos en el taxi volviendo al hotel para prepararme para esta noche.
-Todos los que hemos visto han tenido una fantasía con acostarse conmigo con ese traje-dejo caer.
¿Qué hago? ¿Quiero qué se pique? 

-¿Por qué las mujeres estáis tan salidas?
-¿Perdón?
Ese comentario me ha dejado un tanto confusa, la verdad. ç
-Nada, déjelo. 
-¿Por qué los tíos van de salidos y luego sois más parados que nada?
- ¿Por qué las tías dicen que somos unos cabrones pero siempre se van con el mas cabrón?
-¿Por qué los tíos vais de 'no me importa el físico' y os vais con la más guapa y a su vez la más zorra?                                                                                                                              
-¿Por qué las tías vais de que sois super fieles y luego sois las primeras en poner los cuernos?
¿Eso es que le han puesto los cuernos?
- ¿Por qué los tíos vais de buenazos, luego nos la claváis por la espalda y estáis con otras a la misma vez?
-¿Por qué las tías cuando os joden un tío generalizáis diciendo que todos somos iguales cuando no es verdad?
- ¿Por qué si nos tiramos a un tío somos unas guarras pero si os folláis vosotros a 5 sois unos 'craks'?
-¿Por qué buscáis un tío fiel, sincero, romántico cariñoso, que os quiera y cuando lo encontráis no lo valoráis y lo jodéis?
-¿Por qué vais buscando una tía con sentimientos y luego os vais a por las que menos sentimientos y cerebro tienen?
-¿Por qué lleva tanto rato metiéndome en el saco cuando sabe que yo no soy así? 
-¿Por qué piensas que te meto en el saco cuando sabes que yo sé que tú no eres así?
-¿Por qué es usted tan preciosa, señorita?
-¿Por qué te gusta mis aspecto?
-¿Por qué es usted tan sincera?
-¿Por qué me hablas de usted?
-¿Por qué le molesta que le hable de usted?
-¿Por qué eres tan respetuoso?
-Disculpad, pero ya hemos llegado-nos interrumpe el taxista.
-No se preocupe, gracias- contesta Ronald. 
-Oye, ¿crees que...?- intento acabar la frase pero Ronald me saca del coche- Podrías tener un poco más de cuidado, que mucho de hablar de usted pero luego eres un bruto. 
-Annabelle, por favor, no me gusta que la gente se enteré de cosas que no se tienen que enterar. 
-¿Por qué te molesta tanto? No iba a decir nada sobre tu vida. Sólo iba a preguntarle si veía normal que me llames de usted si estamos... lo que estemos. 
-Da igual, ese hombre no tiene por qué dar su opinión de nada. No me gusta que la gente sepa cosas sobre mí, Annabelle, simplemente eso. Debería irse a arreglar, esta noche va a ser un sitio muy elegante. 
Me meto en el baño, cierro con un portazo y empiezo mi ritual. Me depilo las piernas. Me ducho. Me exfolio. Me pongo crema hidratante por todo el cuerpo. Me seco el pelo y lo recojo en una trenza al lado. Me pongo unas medias color carne y un elegante vestido que tengo el puerta. Es azul marino con escote de espalda (con lo cual llevo uno de esos sujetadores raros que se pegan en las tetas). Me lo pongo y me empiezo a maquillar. Base de color pálido rosado. Un poco de polvos para quitar el brillo. Colorete rosa, no demasiado. Sombra de ojos en la mitad del párpado móvil un azul oscuro y después en el otro medio uno más claro. En el lagrimal un blanco perlado y finalmente me hago la raya abajo y me pongo un poco de rímel. Salgo del baño y me encuentro con Ronald. Me coge la mano y me da una vuelta sobre mi misma.
-Vaya señorita. Está deslumbrante.
-Gracias.

Sigo cabrada con él. Ha saltado por una cosa sin sentido. Me pasa la mano por la espalda y un escalofrío pasa por mi cuerpo. Cojo mi bolso y saco un pinta labios rojo. Me lo pongo y le doy un beso un poco más abajo de donde está su clavícula al fin y al cabo sólo ha sido una tontería..  Me coge la mano y salimos de la habitación del hotel. Tenemos una limusina. Me quedo boquiabierta. Una limusina. Ronald me abre la puerta para que entre. Vaya esto es enorme. Llegamos en un momento. Es un restaurante pero al entrar parece algo diferente. Esto es enorme y la gente va como si fuera una boda. Mierda, es una boda. 
-¿Está lista para deslumbrar a todos, señorita?
-No, Ronald, ¿en qué estabas pensando? No puedo cantar en una boda. 
-Annabelle, puede cantar donde quiera. Tiene una banda a su disposición. 
-Que no Ronald, esto es muy... 
-Annabelle, va.
Deposita un beso en mis labios y por más que no suelo tener pánico escénico ahora estoy temblando. 
-Hola, tú debes de ser la cantante, ¿verdad?-me dice una chica vestida de novia. Tiene su pelo castaño recogido en un moño. Es un poco gordita. 
Subo al escenario. Tengo la visión nublada. No veo nada a excepción de oscuridad. Se me acerca el guitarrista y dice algo que no escucho. Me sacude un poco. Le miro y dice.
-¿Qué quieres cantar?
-Mmmm, no tengo ni idea. ¿Qué se canta en este tipo de casos?
-Pues chica, cualquier cosa. Puedes empezar por algo clásico.
-Bueno, podría cantar la de "And I am telling you"
-Puedes cantar lo que quieras. Iré a avisar a los demás.
Unos segundos y la melodía se oye. Las horas pasan y pasan pero ya no tengo problemas en cantar canciones; tenemos muchas peticiones. En realidad, la boda esta es muy sosa. No cantan conmigo. Algo se me pasa por la mente. Es ridículo pero así a lo mejor consigo animar esto un poco. Bajo del escenario pero solamente se dan cuenta los de la banda, los demás ni se inmutan. Me acerco a una mesa y cojo un vaso. Hago los movimientos un par de veces antes de que me salga bien. Canto la canción de "Cups" de Pitch Perfect. Todo el mundo para de hacer lo que quiera que esté haciendo y me mira. Pronto también me imitan. La fiesta se anima hasta tal punto que bailo con el novio. Estoy agotada. En el taxi. Apoyo mi cabeza sobre el hombro de Ronald.
-Tengo mucho sueño- murmuro.
Su mano derecha me acaricia el pelo. Una vez estamos en la habitación me quito la ropa y me pongo el pijama. Ronald hace lo mismo. Su pijama se basa en unos pantalones dejando su torso desnudo. Nos sentamos en el pequeño sofá rojo de la habitación. Paso mis piernas por encima de las suyas y me tumbo. Mi camiseta se sube dejando al descubierto mi barriga donde Ronald comienza a acariciar. Me reincorporo. Ronald deshace mi trenza y yo le doy un beso. Este beso es seguido por varios más hasta tal punto que estoy subida encima de él. 
El calor que siento se empieza a hacer más fuerte y se va extendiendo por todo mi cuerpo. Mi corazón está acelerado, mi respiración entrecortada y estoy temblando. No me suele pasar esto. Siento los besos de Ronald por mi cuello como puñaladas. Necesito que sea parte de mí y lo necesito ahora. Me subo a horcajadas encima de él. Hundo mi cabeza en su cuello y empiezo a chupar, besar y morder. Atrapa el lóbulo de mi oreja y gimo.  Paso mi mano izquierda por sus abdominales mientras utilizo la otra para sujetarme. Me quita la falda haciendo que me quede en ropa interior.Me lleva en brazos a la cama. Me tira y se pone encima mío besando mi vientre y subiendo hasta mi cuello. Le bajo los calzoncillos y siento su miembro contra mí. Dejo que me penetre lentamente. Grito nada más se adentra en mí.
-Dios, Ronald, ¿qué tienes ahí? ¿Un monstruo? Dios-mi frase se interrumpe por un grito que no puedo contener.
Nos damos la vuelta haciendo que yo me ponga encima. Muerdo su cuello.
-Annabelle, no seas traviesa...-dice contra mi pelo y volviendo a reincorporarse él encima. 
Necesito más de él. Jadeo. Presiono con mis pies su trasero porque siento que necesito más. Noto como su miembro se adentra más en mí.
-¿Más?-mi voz no suena casi por el placer impensable que siento.
Ronald ríe a duras penas. El ritmo es tranquilo y lento pero igual o incluso más placentero que cualquier relación sexual que haya podido tener nunca.

Un orgasmo se prepara para salir. Ya está. Ha salido. No puedo para de gritar su nombre. El pronto hace lo mismo que yo. Acabamos tendidos en la cama. Respirando aceleradamente. Se gira y me abraza. Su cabeza se mete en mi cuello. Lo único que se oye en la habitación son nuestras respiraciones fuertes y pesadas.
La puerta suena y tanto como Ronald como yo nos miramos extrañados. Me levanto con la sábana enrollada y abro la puerta.
-Disculpar, pero es que estoy con toda mi familia en la habitación de al lado y mis hijos me están preguntando qué está pasando y....-dice un hombre con coronilla.
-Oye, mira, usar tapones pero es que nosotros no tenemos la culpa de que os haya tocado es habitación. Y si me permite mal hablar, ¡si queremos follar no nos lo van a impedir unos niños!
Le cierro la puerta y me giro hacia Ronald. Se está partiendo de la risa. Me tumbo a su lado y paso mi pierna por encima suyo. Apoyo mi cabeza en su pecho y dice.
-Osea, que... ¿Hemos follado?
-Pues hombre, yo no sé como lo llamarás tú pero en mi mundo se llama así ¿o prefieres que diga que hemos practicado sexo?
-Está bien, señorita. No se enfade. Yo pensaba que habíamos hecho el amor. 
Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando Roanld pronuncia esa palabra "amor".
-Oye, Ronald, ¿por qué coño me sigues hablando de usted después de haber metido tu enorme monstruo por mi jardín secreto? Que por cierto, lo ha destrozado.
-Su jardín secreto, eh. Me gustaría volver allí.
-Sí, no te preocupes. Pero antes deja que se recupere que dios mío.
Me besa la frente y pasa su brazo por mi espalda y empieza a dar vueltas y a formar círculos en mi parte baja de la espalda. 
-Annabelle, ¿por qué no la había encontrado antes?
-Ronald, ahora en serio, deja de llamarme de usted.- mi tono de voz, aunque no era la intención, suena como una suplica.

CHELSEA.

Segundo día sin Annie. Son las doce del mediodía. Me visto sin ganas. Sin ánimos; echo de menos a Annie. Cojo mi Mp3 y salgo a correr. Mientras corro millones de ideas están por mi mente. Hoy me toca pesarme y estoy emocionada. La última vez que me pesé pesaba setenta y cuatro. Hoy espero pesar setenta como mínimo. Corro durante una hora, tres km de ida y otros tres de vuelta. Como y voy a dormir un rato. No quiero moverme de la cama. 
Suena mi despertador y lo apago. Sigo con la ropa de antes. Me la cambio y antes de las cinco menos cuarto alguien llama al timbre. Bajo a abrir para encontrar a Logan. Madre mía, no pensé que anoche se lo tomará en serio. 
-Hola, ¿estás lista?
-Sí. 
Vamos al gimnasio en su coche. Mantenemos un silencio tranquilo, que me resulta realmente incómodo. Como mis uñas. Estoy muy nerviosa. Nunca había hecho esto. Nunca había estado con un chico, sola, tan... guapo... Inspiro, espiro muchas veces. Una vez ya en el gimnasio yo me voy a la cinta de correr mientras él va a las pesas. No hablamos entonces tampoco. A las siete después de dos horas de ejercicio paramos.
-Bueno, ¿cuánto tiempo llevas haciendo ejercicio?
-Unas dos semanas. 
-¿Y cuánto has adelgazado?
¿En serio me estaba preguntando eso? Yo no me siento cómoda hablando con chicos para que ya él me pregunte sobre mi peso. 
-Hoy me tengo que ir a pesar. No lo sé. La última vez había perdido siete kilos. 
-¿Quieres qué- se lo piensa antes de continuar- acompañe?
¿Acompañarme a pesarme? ¿Está de broma?
-No sé. Lo que quieras. 
-Genial, me ducho y vamos. 
Estoy flipando. Nunca me he duchado en las duchas de aquí pero bueno, siempre hay una primera vez, ¿no? 
La ducha estaba fría para mi gusto pero bueno, no está mal. Estamos en el coche. No hablamos. No sé de que podemos hablar pero si él no saca tema será porque no querrá hablar. Llegamos a la farmacia donde me peso.
-¡Hola Chelsea! ¿Vienes a pesarte? Suerte- dice la mujer de la farmacia. 
-Sí, gracias Martha. 
Estoy temblando. Subo a la báscula. Sesenta kilos con noventa. Salto de la báscula y abrazo a Logan. 
-¡Enhorabuena!- me dice sonriendo. 
-Chelsea, es es mucho para perder en una semana. Deberías ir más despacio. No es sano perder tan rápido-dice la señora por detrás.
-Señora, no amargue la fiesta, ¿quiere?- se me adelanta Logan.
Sé que estoy perdiendo kilos muy rápido pero no es aposta. Como bien y hago mucho ejercicio. Logan me lleva a casa. Esto feliz. Me despido de Logan con la mano; me da corte darle un beso. Y le agradezco lo de venir conmigo al gimnasio y acompañarme a pesarme. Entro en casa gritando que peso setenta kilos y mi familia viene a abrazarme. Estamos juntos. Mi hermana está en el regazo de mi padre y todos estamos contentos. Por primera vez ,desde hacia mucho tiempo, era feliz. 

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